Sandía, la estrella del verano
- M. Núñez y C. Navarro
- 8 abr 2017
- 2 Min. de lectura
Ligera y depurativa, sacia la sed cuando aprieta el calor y aporta vitaminas y antioxidantes

La sandía, con su pulpa roja y refrescante, es la fruta reina del verano. Refrescante y jugosa, dulce y ligera… Si se acierta con una sandía en su punto será difícil dejar de comerla a tajadas, pero en la cocina también despliega todas sus cualidades y permite preparar ensaladas, gazpachos y entrantes modernos, pinchos saludables, sorbetes, macedonias e incluso mermeladas y fruta confitada.
Solo hay que atreverse a cortarla de diferentes maneras, aliñarla con gracia, combinarla con ingredientes suaves o cocinarla, aunque solo muy ligeramente para que no pierda ni un ápice de su jugosidad.
Los colores de la sandía ofrecen las primeras pistas para empezar a investigar sus propiedades salutíferas. El color rojo intenso y brillante es debido al licopeno, el mismo carotenoide que hace al tomate tan recomendable.
Vitamina C
La sandía no se suele destacar como una fruta rica en vitamina C. Sin embargo, lo cierto es que aporta una cantidad notable, sobre todo si se relaciona con su aporte de calorías. Para cubrir el 20% de las necesidades diarias basta consumir solo 45 calorías, gracias a la abundante agua que contiene la sandía (el 92% de su peso). La vitamina C refuerza el sistema inmunitario y protege las mucosas, entre otros muchos efectos.
Vitamina A
También es una fuente de betacaroteno o provitamina A. Las variedades amarillas contienen una concentración mayor, pero una ración de 200 g de sandía roja aporta 605 mcg, que representan el 23% de las necesidades diarias de vitamina A. El betacaroteno tiene un efecto especialmente positivo sobre la piel y los ojos, protegiéndolos frente a la acción de la radiación solar.
CORAZÓN EN FORMA
Licopeno
El efecto del betacaroteno en este sentido se multiplica al combinarse con el licopeno. En 100g de sandía hay 4.532 mcg de licopeno. También hay que sumar el efecto antiinflamotorio del triterpeno cucurbitacina E. La combinación de vitamina C, betacaroteno y licopeno hace de la sandía un alimento que previene las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y muchas enfermedades crónicas y degenerativas.
Potasio
El efecto diurético del agua y de la citrulina de la sandía es potenciado por el contenido en potasio (112 mg en 100 g), un mineral que contrarresta la acción del sodio, ayuda a controlar la tensión arterial, regula el latido cardiaco y probablemente contribuye a prevenir los infartos.
fuente: http://www.cuerpomente.com/alimentacion/nutricion